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Artículo sobre lo que me da la gana #001

Foto del escritor: Andrea Cantos i Butí
Andrea Cantos i Butí
10 nov 2021
6 min de lectura

Actualizado: 22 nov 2021

Recuperando uno de los apuntes y ejemplos que vi en clase sobre el documental «De nens» y el juicio contra la pedofilia, me vinieron a la mente dos cuadros de Pedro Sáenz que estaban expuestos en la exposición temporal del Museo del Prado de Madrid del año pasado, «Invitadas». Estas pinturas fueron premiadas en las Exposiciones Nacionales de 1897 y 1899 con la segunda medalla para Crisálida e Inocencia.


  • Inocencia
  • Crisálida

El hecho de que ganase o no la medalla en las exposiciones de finales del siglo XIX, es más o menos perturbador al hecho que las instituciones públicas, como el Estado Español, las adquiriera para sus colecciones y museos, como apunta el comisario de la exposición. Según la página web del Museo del Prado, el rastro de estas imágenes estuvo vinculado a su exposición en el Museo de Arte Moderno en 1897 hasta 1971 que pasaron a formar parte de las colecciones del Museo Nacional del Prado, pero que únicamente han sido expuestas en exposiciones una vez; en 2020 a razón de la exposición «Invitadas». El lugar donde estas obras estaban expuestas, a modo de depósito, eran el Cuartel General de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, en Sevilla y la Real Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, en Cádiz. Según la página web de El Prado consta que ahora no están expuestas.


Lo que más me llama la atención son las etiquetas temáticas que aparecen en su descripción: desnudo infantil, juego y juguetes. Carlos Reyero, en el catálogo de la exposición «Invitadas», describe el contexto de la obra de la siguiente manera:

«Por influencia de las teorías higienistas, desde finales del siglo XIX la pintura y la literatura ahondaron en el tema del despertar de la madurez sexual. El título de la obra del pintor malagueño Pedro Sáenz, Crisálida, alude al estado previo a la edad adulta y justifica así la contemplación sin cortapisas morales del cuerpo de una niña púber que posa ante sus juguetes como una mujer.»

Esta primera parte del artículo del catálogo es la única información a pie de foto en la página web del Museo del Prado en relación al contexto de la obra, excluyendo lo que se comentaba a continuación en el texto completo del catálogo:

«En todo ello había desde luego una clara fascinación erótica, pero también un elemento político. Las niñas precoces, una procacidad sin medida según la imaginación masculina, fueron las protagonistas favoritas de algunas novelas eróticas.»

El Museo del Prado, parece ser que no ha asumido una posición muy concreta acerca del contexto de estas obras, aunque todo apuntaba que tras la inauguración de «Invitadas», los discursos del dispositivo museístico cambiarían hacia formas más críticas. Si es cierto que ha habido un reajuste en cuanto el recorrido de la exposición permanente, incluyendo en las salas de pintura del XIX obras de autoras, pero todavía es pronto para saber si este reajuste ha tenido un surgir realmente crítico con como se ha contado hasta ahora la historia del arte.


En el catálogo, para poner en contexto las obras, se menciona al escritor Álvaro Retana y su novela erótica «Una niña demasiado moderna», donde se presenta a Pilila, una niña que a falta de una figura paterna rígida y que la domine, se vuelve una adolescente salvaje que acaba seduciendo a los amigos de su padre. Un discurso patriarcal y moralizador que no era pasajero en el siglo XIX, publicaciones sobre cómo debía ser la educación de las mujeres en todas sus facetas; gobernadoras del hogar, como esposas, madres y también como hijas. Hartos manuales se escribieron, como por ejemplo, «La perfecta casada» por Fra. Luis de León, 1799, «Eufemia o la mujer verdaderamente instruida» por Alemán Campe, 1838 o «Instrucción de un padre a su hija» por Du-Puy, 1847, son sólo algunos ejemplos.


Estas obras no están ajenas a un discurso social y moral que era comúnmente aceptado en la España de mediados de 1800. Funcionan como un dispositivo que acompaña a un discurso afín a la idea de cómo una mujer debía ser, y en ello se incluye la idea de, cómo una mujer debía satisfacer los propósitos de la mirada masculina. Convenciendo al espectador de que estos dos cuadros de Sáenz eran una poesía visual entorno al mágico momento en que una niña deja de ser niña, y pasa a ser una mujer. Una mujer complaciente dispuesta a ser observada.


Entonces, no puedo dejar de pensar en las portadas de las revistas eróticas, por ejemplo esta portada de Playboy «El placer de vivir» donde encuentro algunas semejanzas estéticas entre las dos obras. El uso del desnudo, evidentemente es una de ellas, pero en esta fotografía la modelo esta tumbada, igual que las niñas en esta posición tan pasiva, como diría Laura Mulvey; la mujer es el objeto pasivo de la historia. La elección de los elementos y la posición de la modelo me llevan a pensar en una intención de darle cierta juventud infantil a Gaby Ramírez, que no es bailarina de ballet sino una actriz Mexicana.


El magazine de tirada internacional justifica el rosa y los lazos por una buena causa; la de la lucha contra el cáncer de mama… Pero me parece inevitable, entrever el lastre de ese fantasía de la mirada masculina de las pinturas de Sáenz hacia la infantilización de los cuerpos, tanto de hombres como mujeres, dentro de la industria erótica de nuestros días.


Esta es una problemática que no solamente abarca a las niñas, sino también a numerosas pinturas acerca del cuerpo de los niños, pero que normalmente las vemos presentadas desde otra mirada. Por ejemplo, los estudios a lápiz de desnudos masculinos de Marià Fortuny, en las que aparecen niños y jóvenes, pero que tienen una visión academicista del estudio de la anatomía humana. También, por ejemplo, el cuadro de Arcadi Mas Fondevila Nen Pompeià, donde las sensaciones que nos produce al contemplarla no nos inquietan de la misma manera que Crisálida e Inocencia.

Como apuntaba John Berger sobre el concepto de la mirada y el ser visto, es aquí un matiz de interés. El concepto «The Gaze» y las diferencias entre «naked vs. nude», que en catalán también tienen connotación entre «despullat i nu». Las niñas de las primeras dos pinturas están «nues» que diríamos en catalán o «nude» en inglés, en cambio, estos jóvenes que tenemos en estas dos imágenes están simplemente desnudos «naked». Cabe destacar el matiz de estos dos conceptos y que Kenneth Clark ya diferenció, no es lo mismo estar desprovisto de ropa «naked», es decir desnudo, que «nuded» donde se implica en el acto de estar sin ropa una percepción de la desnudez, una aceptación de que se está desnudo porque se está siendo observado. Se está «nuded» para alguien, para un observador.


En la mirada de las niñas de los cuadros de Sáenz ellas son conscientes del observador, de un modo u otro no nos sentimos intrusos al mirarlas porque nos están dando un permiso de ser observadas, pero desde una inocencia y picardía propia de un juego infantil. Aunque quienes pintaron, compraron y observaron estas obras no fueron niños, sino adultos sexualmente activos. El dispositivo, en este caso las pinturas, parece legitimar una mirada obscena y lasciva hacia los cuerpos desnudos de les niñes. Como espectadores hemos leído esos cuerpos como niñas, al menos en referencia a los dos primeros ejemplos citados, y aunque no se ven sus genitales inmediatamente las asociamos a ese supuesto género por los elementos que las acompañan, Crisálida lleva un lacito rosa en la cabeza, pero Inocencia solamente la acompañan unas flores, elemento que sirve como símbolo de muchas lecturas eróticas y sexuales de la historia del arte y de la literatura; las flores como un símil visual de aquello que no vemos explícitamente. Como en la instalación que preparó Judy Chicago en 1979 en el Museo de Brooklyn, donde se preparó una mesa para una celebración y los platos eran flores que parecían genitales femeninos y guardaban el nombre de mujeres de la historia de la humanidad.

Judy Chicago "Dinner Party"

Me gustaría, para terminar, poder hacer mención a las Guerrilla Girls, concretamente su obra: «Why I have to be naked to be in a Museum». La tasa de mujeres desnudas que aparecen en las colecciones de los museos más visitados del mundo es abrumadora en contraposición de la insignificante parte de autoras que hay en sus salas permanentes, y si los museos tienen obra de autoras, estas se encuentran en los almacenes pero no expuestas, ya que la historia no las ha considerado «grandes artistas» como diría Nochlin y parece ser que los dispositivos museísticos no les encuentran cabida en el discurso de sus salas.



Crisálida e Inocencia, no están expuestas ahora según el Museo del Prado, pero no se debería obviar que hubo un momento, y no hace mucho de ello, que estuvieron decorando las salas de edificios públicos del estado Español. Hacer historia del arte, es también darse cuenta de cómo y dónde las obras han sido percibidas y entendidas bajo momentos concretos. En el contexto del tema que nos ha ocupado y para terminar de redondear la idea, me he permitido la licencia de intervenir en una de las dos obras; Inocencia.



BIBLIOGRAFIA


BERGER, John. The ways of seeing. Penguin modern clasics. London. 2008.


CLARK, Kenneth. The Nude: A Study in Ideal Form. Princeton University Press, New Jersey, 1956.


G. NAVARRO, Carlos. (et.al) Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), Museo Nacional del Prado, Madrid, 2020.

LUNA, José Antonio. "'Invitadas' y humilladas: la exposición más importante del año retrata las vergüenzas del patriarcado y del Prado" en El Diario, disponible para consulta online en https://www.eldiario.es/cultura/arte/invitadas-exposicion-museo-del-prado_1_6276536.html [ultima consulta 22/10/2021]


Museo Nacional del Prado. museodelprado.es [ultima consulta 03/11/2021]

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